miércoles, enero 16, 2013

Respeta los procesos y saldrás beneficiado

Hace unos días me subí a Cercedilla a entrenar para una de las próximas aventuras que, si todo sale correctamente, presentaré próximamente. Desde el polideportivo de Cercedilla hasta el Puerto de Navacerrada el entrenamiento fue muy bien, con un buen ritmo y muy buenas sensaciones.

Yo siempre digo que todo lo sube no sólo baja, sino que además, tiene que bajar. En el mundo de la carrera por montaña, bajar no es tan fácil como parece puesto que el terreno es muy abrupto y a grandes velocidades hay que estar muy atento, mirando 4 o 5 metros por delante, para adelantar dónde se va a colocar el pie de forma segura. Hay que ser muy ágil visual y mentalmente para ser un buen bajador.

Tras un pequeño descanso en el puerto me dispuse a bajar de vuelta a Cercedilla. Empecé a bajar muy concentrado y corría cuesta abajo realmente rápido aunque, siendo honesto, me notaba un poco torpe. Aún así seguí bajando todo lo rápido que podía. En un momento de despiste, un sólo segundo, oí como mi pie derecho crujía bajo el peso de mi cuerpo... "¡Aaaaaaah! ¡Mierda!". Automáticamente lo supe, aquello no era una simple torcedura. Mi reacción fue sentarme en el suelo a pesar de que no notaba dolor más allá del latigazo que sentí en la pierna en el momento de torcerme el tobillo. Llevaba una hora de entrenamiento así que tenía las piernas calientes y el dolor no se manifestaba así que sencillamente seguí bajando hasta Cercedilla, eso sí, esta vez algo más despacio. En cuanto se me enfrió el tobillo, se hizo patente la lesión.

En otro momento de mi vida, estar lesionado me habría supuesto un gran estrés. Llevo casi dos semanas en reposo absoluto (hacer pesas en el gimnasio no lo considero) y sé que probablemente esté así algunos días más hasta que pueda volver a trotar.

Otra cosa que también es cierta es que hace un tiempo me habría vendado el pie o puesto una tobillera y habría continuado corriendo, sin embargo, he aprendido que es beneficioso respetar los procesos por dos razones muy importantes. La primera de ellas es que asumir que algunas cosas deben seguir su proceso y no hay mucho que podemos hacer, reduce los niveles de ansiedad y frustración. Si no puedo hacer nada ¿por qué voy a preocuparme? Obviamente, aquello que puedo hacer, lo hago. Es más, sabiendo que la recuperación puede ser larga he asumido posibles consecuencias, por ejemplo, aplazar mi próxima aventura unos meses para estar a tope para poder disfrutar. La segunda lección que he aprendido es que no respetar los procesos puede ser más dañino que hacerlo. En mi caso concreto, no respetar el proceso de recuperación de mi tobillo podría llevarme a seguir entrenando enfocado en mis objetivos y que, lejos de recuperarme de la lesión, esta fuera a más o incluso se volviese crónica.

La vida en sí misma es un proceso pero es un proceso especial, la vida es un proceso lleno de procesos: el proceso de decisión de qué carrera estudiar, el proceso de una relación sentimental, el proceso de una pérdida de un familiar, por citar algunos. Generalmente los procesos de nuestra vida tienen que ver sólo con nosotros, sin embargo, muchos de ellos tienen que ver con otras personas que también están viviendo sus procesos. Son esos procesos de cuyo respeto se puede sacar mayor beneficio. Probablemente hayan escuchado la frase "no es mi momento, quizá en el futuro" referido a una infinidad de situaciones. Esas palabras no son más que la expresión en lenguaje común de "no estoy en el punto del proceso necesario para afrontar lo que se me presenta".

Por poner un ejemplo de la vida cotidiana. Imaginemos que se nos ha despertado el instinto paternal pero nuestra pareja todavía no siente que esté en el momento adecuado. En este caso se pueden dar tres posibilidades. Por un lado, yo puedo forzar a mi pareja a que seamos padres, aún a sabiendas de que él no está en el momento adecuado, y que esta se niegue rotundamente. El resultado es que nuestra relación se deteriorará porque yo no consigo lo que quiero y porque mi pareja se sentirá forzada a hacer algo que va en contra de su voluntad. El segundo caso es que tras mucho insistir convenza a mi pareja para tener un niño, a pesar de que todavía no está preparada, y con el paso del tiempo nos demos cuenta de que realmente no estaba preparado, por lo que habremos creado una situación bastante complicada y para más inri hemos metido una personita por el medio. No respetar el proceso me ha traído consecuencias peores de las que partí. La tercera posibilidad es respetar el proceso de mi pareja y asumir que todavía no está en el momento y apoyarla. Quizá no consiga mi propósito, pero respetando su proceso, desde el corazón, me encontraré en disposición de tomar acciones al respecto sin perjudicar ni a la otra persona ni la relación.

¡Ojo! No me malinterpreten, no estoy diciendo que haya que dejar de actuar, estoy hablando de actuar desde el respeto a los procesos.

5 comentarios:

Feliun dijo...

Bravo. El respeto sólo te permite que los demás te abran sus puertas.

David Roncero Domínguez dijo...

Feliun: efectivamente, desde el respeto la colaboración es más beneficiosa.

Disfruta y sé feliz.

YolandaG dijo...

Respeto, fundamental, aunque a veces lo obviamos...en todos los sentidos

Alberto Fernández dijo...

Genial lección maestro. He tomado buenas notas de tus palabras.

Un abrazo.

David Roncero Domínguez dijo...

YolandaG: qué bien nos iría si basásemos muchas cosas en el respeto.

Alberto: lecciones de vida, nada más.

Disfrutad y sed felices.