lunes, abril 02, 2012

21 kilómetros no es el límite

Yo hace ya algún tiempo que sabía que mi límite no era correr 21 kilómetros. Hoy corría yo mi séptimo medio maratón y tenía la férrea intención de asaltar el crono de nuevo. He de reconocer que en esta ocasión he jugado con dos objetivos: el público y el privado. El público era bajar de 1:30 y el privado de 1:28. El motivo de esto no ha sido, ni mucho menos, el miedo a no conseguir el objetivo y quedar mal delante de mis familiares y amigos, ya que hace mucho tiempo que he aprendido que al único que debo retar y superar es siempre a mí mismo y a quien debo rendir cuentas. Era más bien una cuestión de complicidad conmigo mismo.

Además de esto, me había propuesto correr lo más fuerte posible los primeros 9 kilómetros de la carrera, que transcurren desde El Retiro hasta Plaza Castilla siendo la mayoría del trazado de subida, y del kilómetro 9 al 21, sencillamente poner en la carrera todo lo que quedaba.

Con todo lo especial que esto era para mí, el día de hoy tenía además una componente emocional añadida y es que varios amigos míos se enfrentaban a los 21 kilómetros por primera vez. Para mí es bonito que alguien intente superarse a sí mismo, que salga de su zona de confort para exponerse a un esfuerzo que no sabe si será capaz de superar. Todos ellos, durante los últimos meses, se han estado preparando duramente para la cita de hoy y según mi punto de vista, todos ya habían tenido éxito en el momento de ponerse en la línea de salida. Por ellos, la carrera de hoy ha sido también muy especial.

He estado con mi amigo Felipe antes de la salida y podía respirar la incertidumbre mientras hablaba con él. Es algo que me ocurre cada vez que pruebo a enfrentarme a una nueva distancia. Me ocurrió con mi primer 10k, con mi primer medio maratón, con mi primer maratón y cuando estaba en la línea de meta de los 100 kilómetros de Madrid - Segovia, aunque cada vez en menor medida por la experiencia y conocimiento de mí mismo que he adquirido en los últimos años. No sabes qué va a ocurrir y eso, en cierta manera, impone respeto.

Mi carrera ha sido dura, muy dura. Mi apuesta fue muy fuerte y desde la salida hasta el kilómetro 9 he ido luchando y apretando el ritmo para cumplir lo que me había propuesto, sin embargo, ninguna acción está exenta de consecuencias. He salido, pegado a la liebre de 1:30, sin embargo, no era mi objetivo así que rápidamente he cogido mi ritmo de carrera. A lo lejos estaba la liebre de 1:25 que ni por asomo era mi objetivo. Esta vez, como lo fue en la anterior, mi carrera era mi carrera y debía correr a mi ritmo.

He ido corriendo muy fuerte, entre 4:00 y 4:10, y poco a poco me he ido aproximando a la liebre de 1:25 hasta que he estado justo detrás de ella y pensando: "qué bien, he cogido a la liebre de 1:25, si mantengo el ritmo puedo incluso bajar de 1:26". Eso me lo he creído durante los siguientes dos kilómetros cuando me he dado cuenta de que, quizá, sólo quizá, estaba yendo demasiado rápido para lo que había planificado y que cabía la posibilidad de que si seguía a ese ritmo no aguantase y tuviese que parar y no conseguir siquiera bajar de 1:30.

En las carreras, como en la vida, ocurre que sólo te das cuenta de las posibles consecuencias de un error cuando éste ya lo has cometido. Hacia el kilómetro 14, la ciudad de Madrid me ha regalado una maravillosa subida donde, sin faltar a su cita en mis carreras, ha aparecido el hombre del mazo a recordarme los 9 primeros kilómetros de carrera. Han sido momentos duros. He tenido que bajar el ritmo y regular para no desgastarme en demasía, aunque el desgaste ya era, entonces, bastante serio.

Del 15 al 18 he mantenido el tipo como bien he podido: aprovechando los llanos y las bajadas para apretar un poco el paso y regulando en las subidas para no quemar demasiados cartuchos ya que el final de la carrera, desde el 18, en especial por la Calle Alfonso XIII, hasta meta es todo subida.

Yo ya me había enfrentado a la cuesta de Alfonso XIII del medio maratón y del maratón de Madrid del año pasado, así que la considero una vieja. Cuando me he enfrentado a la dichosa cuesta no he podido sino acordarme de mi amigo David, con quien corrí ambas dos carreras el año pasado. En el medio maratón, él tiró de mí como un jabato ya que a mí no me quedaba mucho más que poner. Hoy ha sido duro y durante toda la subida me he acordado de aquel momento del año pasado. De nuevo el hombre del mazo no sólo se ha presentado en el 18 para castigarme las piernas sino que esta vez se ha cebado con algo que todo lo puede cuando el cuerpo ya no da para más: la cabeza. El furioso felino con ganas de devorar kilómetros que salió del Retiro volvía hecho un gatito que no tenía fuerzas para luchar contra su cuerpo.

Han sido momentos duros, el cuerpo iba al límite, las fuerzas parecían fallar y sólo restaba poner lo que quedaba de corazón en la carrera. La lucha ha sido extenuante: el cuerpo mandaba continuamente señales a la cabeza y ésta las recibía y asentía: lo sé yo también estoy exhausta. Incluso ha habido momentos en los que he barajado la posibilidad de parar y continuar andando, sin embargo, es en esos momentos en los que el corazón, con unas fuerzas que no se sabe de donde salen, tira de cuerpo y mente para seguir adelante.

Los últimos 2 kilómetros han sido dolorosos, sufridos, extenuantes, hasta el punto de que no he podido apretar el paso ni en los últimos 100 metros. Lo había dado todo desde el principio y no tenía mucho más que poner. Desde el 18 me prohibí mirar el GPS para no forzarme en caso de calcular que no iba a entrar por debajo de 1:28 o de 1:30. Me sentía al límite, me notaba exhausto. Cuando me he ido acercando al arco de meta, donde estaba el reloj oficial de la carrera, he visto lo que estaba a punto de conseguir, a apenas 50 metros de la meta el reloj marcaba 1:27:15 y entonces he sabido que había conseguido mi objetivo. En otras circunstancias, habría apretado al máximo para entrar por debajo de 1:27:30, sin embargo, no había fuerza para un último esfuerzo. Desde el kilómetro 1 había sido todo un último esfuerzo.

Es curioso cómo somos ya que, al terminar la carrera y tras unos segundos de recuperación después de cruzar la línea de meta, he ido rápidamente al ropero a coger mis cosas y, teniendo los gemelos duros como piedras, molestias en las rodillas y tobillos y un cansancio descomunal he salido trotando hacia el Ángel caído para ir hasta el final de la cuesta de Alfonso XIII para intentar engancharme a Felipe y terminar con él, como bien pudiera, sus últimos tres kilómetros. Al terminar parecía que no había fuerzas para más y sin embargo estaba dispuesto a hacer tres kilómetros más para compañar a un amigo. Afortunadamente he estado durante 20 minutos esperando y no he conseguido verle. Digo afortunadamente porque no le he visto por que él ya había pasado cuando yo he llegado, lo que significaba que iba a terminar en un tiempo digno de admiración para ser su primer medio maratón.

En esos 20 minutos, he estado animando a todos y cada uno de los corredores que pasaban por allí. Cada uno con su historia, cada uno superando sus límites, cada uno yendo un paso más, siempre un paso más.

Y es que nuestros límites están más allá de lo que pensamos y que muchas veces somos víctimas de nuestras propias limitaciones.

14 comentarios:

jota dijo...

Eres un grande, que lo sepas. Y creo que esa filosofía se puede aplicar a todos los aspectos de la vida. Me encanta la necesaria dosis de optimismo que insuflas en tus crónicas. Así da gusto.

David Roncero Domínguez dijo...

Jota: muchas gracias. Lo maravilloso de esto de correr es que todas las lecciones que aprendes te dan una fortaleza descomunal para la vida.

Disfruta y sé feliz.

David dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
David Hunter dijo...

Enhorabuena David por tu carrerón y tu tiempazo, yo de mayor quiero ser como tú!

Feliun dijo...

Enhorabuena por superarte y por animar a los demás a hacerlo, que es aún más importante.

Un abrazo

Anónimo dijo...

Te quiero y te admiro, y tú lo sabes. Después de leer tus relatos, uno se cree capaz de hacer cualquier cosa. Espero que sigas retándote a ti mismo a alcanzar nuevas metas y compartiendo esos éxitos con nosotros. LT.

David Roncero Domínguez dijo...

David Hunter: muchas gracias. Sabed los dos que habéis dejado de ser simples mortales, ahora sois mediomaratonianos y es un título reservado a aquellas personas que tienen ilusión por superarse cada día.

Feliun: gracias por superarte a ti mismo y dejarme formar parte de ello.

LT: yo también te quiero y te admiro y también lo sabes. Lo que intento transmitir con las crónicas es que ante las adversidades en la vida no hay que amilanarse, hay que sacar la furia que todos tenemos dentro y seguir caminando, seguir dando un paso más, siempre un paso más. Creo que los dos hemos tenido dos grandes maestros en este aspecto, ¿verdad?

Muchas gracias a todos por vuestras palabras y sobre todo acordaros cada día de disfrutar y ser felices.

Alberto dijo...

No me canso de oir tus retos ni leerlos. Se podrá pensar que tiene de interesante leer tus crónicas sobre tus carreras si uno no es corredor y yo respondo, también se es corredor en la vida y las lecciones que en ese terreno me das, son una de las cosas más valiosas que tengo el honor de tener ;)

Un abrazo, maestro.

David Roncero Domínguez dijo...

Alberto: en mi caso correr sólo es un medio de vivir experiencias y aprender lecciones de la vida y no compartirlo con mi gente no es una opción.

Disfruta y sé feliz.

enmorriñado dijo...

Le doy mi enhorabuena. No tanto por por el tiempo ni por haberte vencido un día más sino porque he copiado una frase de su relato para mi "libro de frases celebres" del que ya le he hablado en algún otro momento.... Acaba de ser usted elegido para formar parte de la historia ;)

Ayer llegué de "nuestra" Galiza y ya tengo morriña... Estuve dando un paseino por Santiago y me acordé de vos.

Un abrazo

vuelvo dijo...

Vuelvo con un link... Ya sabes que no puedo prescindire de mi memoria relacional. El final del ralato me ha llevado a la siguiente canción .

Dar un paso más, dar un paso más....

David Roncero Domínguez dijo...

enmorriñado: querido amigo, sabes que siempre me gusta tenerte por aquí. Hoy además me siento humildemente halagado por formar parte de la historia de alguien tan genuino como tú. Como ya he dicho en alguna ocasión, esto de correr sólo es una herramienta para experimentar y vivenciar cosas y compartir todo aquello que aprenda y sienta con mi gente.

Por cierto, gracias por la canción, sabes que siempre tendré oídos y ojos para tus proposiciones musicales y cineastas.

Un abrazo fuerte y, como siempre, no te olvides de disfrtuar y ser feliz.

Msx2001 dijo...

Con este tipo de relatos demuestras que el limite se lo pone uno mismo y que siempre es capaz de superarlo.

Un saludo desde la nacion.

David Roncero Domínguez dijo...

Msx2001: pues sí, hay que intentar mover nuestros límites un paso más allá e intentar alcanzarlos.

Disfruta y sé feliz.