lunes, febrero 08, 2010

Plaza del Callao y Gran Vía

El pasado sábado hice una escapadita armado con mis tres ojos, el trípode y ganas de fotografiar una zona de Madrid por la que había pasado infinidad de veces pero en la que jamás me había a mirar de esa otra forma.

La Plaza del Callao, en pleno centro comercial de Madrid, ha disfrutado de una grandísima reforma en la que se ha cerrado al tráfico y se ha convertido en peatonal.

Estuve un par de horas explorando cada rincón de la plaza, examinando cada metro de asfalto de Gran Vía y el resultado es el que se puede ver a continuación:



Una de las fotos que tomé y que tiene su componente de suerte es la que hará de cabecera de ahora en adelante:


Y digo suerte porque la fotografía de arriba está tomada con 30 segundos de exposición y la pareja que aparece en el centro de la fotografía tuvo la "amabilidad" de quedarse quietos "posando" durante ese tiempo.

3 comentarios:

Alberto dijo...

He reflexionado mucho sobre el silencio y la soledad este fin de semana. Me explico. He estado de viernes a domingo, acompañado por mis compañeros de master, en una casa rural de un pueblo de la provincia de Soria, Rejas de San Esteban muy cerca de San Esteban de Gormaz.

A medida que nos acercábamos al destino y ya, de manera notoria, una vez allí, el silencio nos iba invadiendo. Los que vivimos continuamente en una gran ciudad no nos percatamos de que el silencio también tiene sus propios ruidos.

Y junto con esa melodía sosegadora del silencio, también la soledad auténtica de un pueblo. No el abandono, que es la soledad de la ciudad en la cual uno vive rodeado y se siente solo y extraño; sino la soledad de la tranquilidad, de no saberse constantemente observado, vigilado, pisado, empujado.

El despertarse con el canto de un gallo, ese frío castellano que adoro, el café al lado del fuego mientras fuera sopla el viento, los paseos oyendo a lo lejos un perro ladrando, los silbidos del pastor, el rumor del agua en un riachuelo, la conversación en tono casi inaudible de dos mujeres volviendo de la huerta. Los silencios del campo.

Ese contraste se acentúa al ver tus fotos sobre Plaza de España y Gran Vía tan llenas de coches y gente. y también de esa chica sentada a la parada del metro, esperando. En la ciudad estamos siempre esperando: a que llegue el metro, se ponga en verde un semáforo, la hora del cine, etc. En la soledad de un pueblo me he percatado de que no esperan, el tiempo hace mucho que se detuvo para ellos y viven plácidamente en el presente cotidiano del silencio.

Saludos desde Madrid.

Unquevai dijo...

Con una cámara normal no se puede hacer una exposición tan larga, no? tienes un bicharraco o qué?
La foto está molona, sí señor, la verdad es que el rollito de la exposición tiene mucho potencial.

Deu!

Oso dijo...

Alberto: cada vez que voy a alguna zona rural percibo esa tranquilidad, esa innecesidad de llegar rápido, que no pronto, a los sitios. Supongo que sería cuestión de acostumbrarse, aunque para alguien como yo, que desde antes de llegar a Madrid ya iba a los sitios rápidos, sería difícil.

Unquevai: hay muchas cámaras compactas que tienen controles manuales que permiten hacer exposiciones largas, sin embargo, no lo hacen tan bien en condiciones de mucha luz. La mía es una reflex Canon EOS 400D. La que he puesto de cabecera es de mis favoritas de esa noche.

Disfrutad.