jueves, mayo 07, 2009

Pequeña

Te conocí cuando ambos teníamos siete años. Vestías unos pantalones de pana y una camisa a cuadros azul, zapatos negros. Lucías media melena a juego con tu sonrisa. La nariz, pequeña, entre tus ojos achinados, susurraba "soy encantadora". Eras pequeña, como esas cosas pequeñas que, por alguna extraña razón, te apetece abrazar y mimar. Eras agradable, como meter tus manos heladas entre las manos cálidas de alguien. Alegre, como reir a carcajadas.
Nos habían invitado al cumpleaños de una amiga común que teníamos, Laura, ¿te acuerdas?. Aquella tarde, jugando al escondite en el parque, nos fuimos juntos detrás de unos arbustos. Tú mirabas por entre las hojas al que pandaba. Yo te miraba a ti. Saliste corriendo gritando para salvar: "¡por mí y por todos mis compañeros!". Todos salimos de nuestro escondite gritando. Nada se entendía en tal algarabía.
La tarde se acabó y cuando nos tuvimos que despedir me habría deshecho si hubiera podido besarte en la mejilla, pero me hubiera muerto de la vergüenza. Vergüenza de qué, no lo sé. No te volví a ver.
Y ahora te tengo aquí delante, vuelves a aparecer en mi vida. Entonces no lo entendí pero ahora lo sé. Aquel día me enamoré, me enamoraste. Entraste por mis ojos y te metiste de lleno en mi corazón. Sé que a esas edades todo es pasajero y la memoria es efímera pero ahora que te vuelvo a ver siento lo mismo que aquel día. Vuelvo a tener 7 años. Vuelvo a ver tu pequeña nariz, tu media melena y tus ojos achinados. Tu sonrisa. No has cambiado nada en estos años.

Su madre entró entonces en la habitación. Sólo tenía una cama y una amplia butaca para las visitas. Una enfermera jovencita estaba sentada en la butaca agarrando la mano de su hijo.
- Buenos días- saludó la madre.
- Muy buenas, señora, disculpe, ya me voy- respondió la enfermera sonrojada.
- ¿Ocurre algo?
- Cuando vine a cambiarle el suero empezó a hablarme como si me hubiera conocido cuando éramos niños. Delira, por la fiebre.
- ¿Qué le decía?
- Cree que soy una niña que conoció cuando teníamos 7 años. Irene creo haberle entendido. Sólo estaba escuchando lo que decía.
Acércate, Irene, ya que aquella tarde no pude besarte déjame que te bese ahora antes de que te vayas. Eso arrancará esa espinita que he llevado durante estos años.
- ¿Le importa si...
- Por favor, es sólo un delirio, no creo que le haga ningún daño.
La enfermera se acercó mientras el joven se incorporaba en la cama. Acarició su cara y la besó en la mejilla. La muchacha se estremeció con el beso que le había transmitido todo la pasión del niño que se había enamorado de Irene cuando sólo tenían siete años.
- Se pondrá bien -masculló antes de salir de la habitación.
No era Irene pero le habría encantado haberlo sido.

4 comentarios:

diminuto dijo...

Primero el amigo Croc, luego "elenaguitarrra" y ahora tu. Estamos muy tiernos últimamente...¿Será la primavera?

Saludos

P.D.Pequeña metedura de pata: "arbutos"

Oso dijo...

diminuto: lo de la ternura no digo que no pero que en mi caso sea por la primavera ya te adelanto. Sufro más que disfruto la primavera.

Un abrazo tierno y gracias por tu tiempo.

Alberto dijo...

No se llamaba Irene. Pero a día de hoy cada vez que pienso en ella, me ruborizo y recuerdo la de veces que soñe como la besaba. Hubiese cambiado los mil besos de mis sueños por uno de verdad.

Algún día quizás....

Un saludo desde Madrid.

Oso dijo...

Alberto: si siempre tuviésemos lo que deseamos nada de lo que deseásemos sería especial.

Un abrazo y gracias por tu tiempo.