lunes, julio 14, 2008

99 gavilanes

Los cuento. Noventa y siete, noventa y ocho, noventa y nueve y cien. Cien exactos. Ni uno más ni uno menos. Es perfecto. Si fueran noventa y nueve faltaría uno, si fueran ciento uno sobraría uno. Pero no. Hay cien gavilanes.


Despierto. Miro al cielo. Cuento. Hay noventa y nueve. Falta uno. Angustia. Espero un rato a que aparezca el que falta. No está. No. No viene. Desesperación. ¿Dónde está? Maldita sea. Espero. No viene.


Ahora sí. Ahí está, ahí viene. A lo lejos aparece el que falta. Es tan sólo una sombra. Se acerca. Con él serán cien. Perfecto.


Ya lo veo, pero no es sólo uno. Son dos. Con esos dos hacen ciento uno. Maldita sea.

4 comentarios:

Alberto dijo...

Sueño. Realidad. Sueño. Realidad. Nunca lo que pensamos en el mundo de los sueños suele cumplirse en el mundo real. ¿Nunca? Quizás no sean cien gavilanes, pero algunos si cumpen algunos de sus más valiosos sueños. ¿Verdad? ;)

Enhorabuena por los sueños conseguidos. Ánimo por los que aún quieres lograr.

Yayo Salva dijo...

La perfección es un vicio perverso. Hay que ser ligeramente imperfectos y aceptarlo con naturalidad, pienso yo.

aspirante dijo...

Que sabio este yayo...¿como todos los yayos?

Oso dijo...

Alberto: sí, los sueños, con el tiempo acaban por cumplirse. Al menos en mi caso.

Yayo Salva: de hecho si fuéramos perfectos dónde quedaría nuestras ansias de mejorar.

aspirante: sí, el amigo Yayo Salva no lleva unos años de sabiduría por delante. Pero algún día nosotros también seremos Yayo Aspirante y Yayo Oso.

Un abrazo y gracias por vuestro tiempo.