martes, marzo 18, 2008

Deseos

Esta historia me la contó hace tiempo un señor con el que coincidí en un viaje en autobús. Era un hombre mayor, de unos setenta y cinco años. Seguro que había tenido una vida fructífera y que había disfrutado mucho de ella, pero entonces ya era un pobre viejo triste y amargado.

Reconozco que al principio, cuando el viejo empezó a hablarme, intenté hacerme el loco. Pensé que estaría todo el viaje contándome batallitas de su vida y que no me dejaría tranquilo hasta que nos bajásemos del autobús. Me contó que se llamaba Aurelio y que iba a ver a un muy buen amigo a Asturias, un viejo amigo de la universidad al que no había visto desde que ambos acabaron la carrera.
Las historias no eran muy diferentes a todas aquellas que hemos vivido todos en nuestros años de universidad: diversión, locuras, muchas horas de estudio y descubrimiento del mundo. Sin embargo, un momento se quedó callado y con la mirada perdida al frente, en la carretera. Me quedé atónito mirándole intentando imaginar qué estaría pasando por su cabeza, esa cabeza llena de recuerdos, vivencias, sapiencia y, quizá, cierta locura.

El mundo no está carente de cierte ironía porque cuando mi interés por aquel hombre estaba en niveles negativos, me espetó:

- ¿Alguna vez te ha hablado una fruta? ¿Alguna vez has hecho realidad los deseos de alguien?
Parálisis. Quería pensar y no podía. Quería dejar de mirerle y no podía. Quería no sentir curiosidad y no podía. Quería no saber y no podía.
- No -respondí.
Suspiró.
- El otro día, al levantarme, fui a la cocina y me puse un café. Me acerqué al frutero y cogí dos naranjas y una pera. Pelé las dos naranjas y con calma me las fui comiendo. Me gusta mucho comer fruta por la mañana. Hace que el resto del día me sienta ligero y con energías. Además la vitamina C de las naranjas me ayuda a no constiparme tan a menudo...
- Pero -le corto- ¿se comió la pera?
- ¡Ay, amigo! La pera tiene historia.
- Cuénteme -casi suplicante.
- El caso es que cuando la iba a pelar oí una voz gritando que decía "no, no, espera espera". Miré alrededor confuso. Vivo solo así que nadie podía estar hablándome. Volví a intentar a pelar la pera y volví a escuchar una voz que gritaba "¿es que no me has oído?". Demonios, era la pera la que me estaba hablando. Salí de la cocina y me fui al baño, me refresqué la cara, las manos, las muñecas, respiré hondo y volví a la cocina a seguir tranquilamente comiéndome una pera. Me planté frente a la encimara con las manos sobre ella. Entre mis manos la pera y el cuchillo. ¿Me estaría volviendo loco?
- ¿Volvió a hablar? -pregunté.
- Desde luego que sí. Extrañamente tenía acento argentino y me dijo que antes de comérmela tenía un deseo. Esto me desubicó un poco. Ciertamente era la primera vez que hablaba con una fruta, al menos con una pera de agua.
- ¿Un deseo? -pregunté con ansias de saber.
- Sí, un deseo. Me dijo "este, bueno, pelotudo, antes de que me comás me gustaría que me concedieses un deseo, che. Desde que me caí del árbol he querido ser un melón". "¿Un melón?", pregunté, "¿qué quieres que yo haga por ti?". "Verás, sé que no soy un melón, que soy una pera, pero podrías comérseme como si yo fuera un melón. ¿Sabes cómo se come un melón?". "Sí", respondí. "¿Entonces, qué? ¿Me harás este favor?". "Por supuesto, no tengo nada que perder", le respondí. Así que a ello me puse. Le quité el culo y la cabeza y fui sacando rodajas de la pera, quitando la cáscara y comíendomelo poco a poco. Cáscara y no piel, comiéndomelo y no comíendomela porque decidí que aquel día desayuné dos naranjas y un melón. Cuando hube terminado me tomé el café y salí a pasear, como si nada.

El viaje desde entonces fue silencioso, ninguno de los dos dijo ninguna palabra. Nos bajamos del autobús,. Nos miramos. Nos alejamos.


¿Que por qué les cuento esta historia? Para que como yo tengan en cuenta la moraleja de esta historia. Ya saben, la moraleja. Cada vez que como una pera recuerdo: las peras hablan con acento argentino.

7 comentarios:

Rocío dijo...

Pero que me estás contando???? jejejej... desdeluego, tanto él como tú, si queríais desconcertar, lo habéis conseguido, si queríais otra cosa, ehmm... ando algo perdida ;) Eso sí, el día que me ponga a comer y me hable la fruta creo que no me lo tomaré con mucha tranquilida! ;)
Un besote primor!

Oso dijo...

Rocío: quería contar una historia, diferente, extraña, rara, que levantase otro tipo de sentimientos. No sé.

Un beso y gracias por tu tiempo.

Rocío dijo...

Conste que me ha gustao un monton eh! jejej ;)

Oso dijo...

Rocío: celebro que te haya gustado, me anima a intentar sorprenderos la próxima vez.

Besos y gracias por tu tiempo.

Alberto dijo...

Original y divertido, jajja, ahora cada vez que me coma una pera me la imaginaré hablando argentino piiibee. Me alegra mucho que vuelvas por el terreno de los relatos, que tan bien se te daban y por lo que veo, aún se te da. Muy en la línea de los sacacorchos y demás utensilios de cocina, creo recordar ;)

Un saludo desde Madrid, recién llegado de tierras gallegas.

desubicado dijo...

Hombre!!!!

Veo que por fin has tenido algo de tiempo o de ganas (o las dos cosas) y te has currado un poco la entrada del blog ya que en las últimas me pareció que no usabas del todo la escoba y que sólo metías el polvo debajo de la alfombra (opinión personal y totalmente censurable).

La historia me ha gustado, precisamente porque te deja un poco perdido. Coincido con Rocío. Si el objetivo era desubicarme, desubicado estoy. Si hay moraleja o pensamientos ocultos yo no los he encontrado.

Igual es que hemos perdido la capacidad de leer entre lineas...

Saludos

Oso dijo...

Alberto: como siempre, ideas no faltan, lo que falta es tiempo para desarrollarlas. Quizá algún día cuando sea adinerado y no tenga que trabajar pueda dedicarme a la escritura, la fotografía y la contemplación del cosmos y el caos.

desubicado: querido amigo desubicado, ganas nunca faltan, de esas tengo de sobra, lo que noto que falta demasiado últimamente es tiempo. Tienes toda la razón en que hacía tiempo que no sacaba la escoba y barría como el enanito verde manda. Acepto la opinión/crítica constructiva. Con respecto a la historia nada tengo que añadir a lo que hay escrito, es lo que es, nada más.

Un abrazo y gracias por vuestro tiempo.