lunes, noviembre 05, 2007

Futuro incierto

Nací para cargar. Tenía la esperanza de poder evolucionar pero luego me di cuenta de que no había camino para mí, que estaba encajado con los demás de mi especie. Lo mejor que me podía pasar: ser acompañado por una bella mujer que consiguiera llenarme.

Al principio conseguía moverme en línea recta, aunque tenía cierta tendencia a torcerme a la derecha. Más tarde sabría que eso tenía su explicación y que me habían creado así a propósito. Lo que había que ver estaba a la derecha.

Con el paso del tiempo las de la derecha comenzaron a temblar y cada vez costaba más mantenerme en mi línea recta. Mi aspecto comenzó a dar la impresión de viejo y destartalado. La gente sólo quería los nuevos, esos nuevos con asas. Sólo en días de mucho trabajo había alguien que no tenía más remedio que acercarse a mí y empujarme por los pasillos.

Uno de esos días un matrimonio despistado me dejó en la calle, cerca de su coche. Allí pasé todo el día hasta que, ya anocheciendo, unos chicos se apresuraron a agarrarme. Se pasaron horas montados encima, empujándome arriba y abajo. Cada vez me costaba más moverme y pensé que no aguantaría pero al final me dejaron en un rincón. A solas, objeto de las miradas curiosas de los transeuntes. Frío, miedo.

Incluso hubo un tipo que pasó por mi lado y me fotografió. ¡Demonios! Ni siquiera me preguntó si necesitaba un poco de aceite.

6 comentarios:

Alberto dijo...

Sus manos no eran como las otras que antes me habían tocado, las líneas que las pitonisas usaban para leer el futuro eran en este caso, libros abiertos de un pasado duro y no muy lejano. Sin embargo, no sentí en ellas resentimiento o rencor, sino un halo de serenidad y auténtica tranquilidad, aquella que se consigue cuando uno encuentra su sitio en este mundo.
Me llenó de bolsas y cartones, ropa sucia y mal oliente, algún que otro brick de vino peleón y zapatos viejos y roídos más aptos como como colodores que como prenda para los pies.
Luego me acercó al fuego de un bidón, olía como a gasolina, pero el calor hizo que me olvidará del frío pasado y poco a poco recuperé el ánimo. Desde luego no era el más elegante y distingido de todos los que me habían empujado, pero era el único que me había recogido cuando había perdido la esperanza.


P.D.: Alguien me enseñó y lo sigue haciendo a cada escobazo que la esperanza y la ilusión nunca deben perderse. Felicidades por recuperar la vena literaria. Un saludo desde Madrid.

otro que forma parte del sistema productivo dijo...

Lástima que vía Picasa haya llegado antes a la foto que al relato...

...en cualquier caso es una forma curiosa de contar la vida de un objeto que en teoría no tiene y tu has dado...

...para terminar dos cosas:

...1 en el final podrias haber añadido que el tipo que le hace la foto está como una cabra ¿a quien se le ocurre? ¿donde lo encontraste? ¿donde vas por las noches?
...2 me sorprende eso que dicen (y es verdad en muchos casos) que se tuerce a la derecha. Lo veo totalmente inutil. ¿Y si entras por el otro lado del pasillo?

En fin, yo tambien me alegro de que recuperes los relatos

Saludos

Fanático dijo...

Hola! texto interesante y original. me gustó. eso si, q no se queje tanto el carro, q se pasaba el dia metiendo... (no puedo evitar ver algo sexual en el acto de meter carros en la fila de carros, jeje)

Oso dijo...

Alberto: es un futuro. A ver si el tiempo y el ánimo me permite seguir con la vena literaria.

otro que forma parte del sistema productivo: el tipo que hizo la foto es uno que está como una cabra pero que es feliz estándolo. Ya sabes que me gusta tener una visión diferente a la típica y cuando se trata de estar detrás de un objetivo lo más extravagante posible.

Fanático: celebro que te haya parecido original. Lo cierto es que sí tiene algo de sensual el hecho de encajar dos carritos uno detrás de otro.

Saludos y gracias por vuestro tiempo.

Nany dijo...

Ostras, Ostras, Ostras!! Aunque solo es un carrito, esta historia podría ser la de una silla, un cuadro o cualquier objeto, pero tu le has puesto alma! Que bien, me ha gustado mucho, hasta me estremeció.

Oso dijo...

Nany: celebro que te aflorara un sentimiento de estremecimiento. Es igual de importante saber transmitir como difícil es conseguirlo.

Besos y gracias por tu tiempo.